En menos de una semana pasamos de estimular el beso, el “choque los cinco” o el dedo pulgar hacia arriba a intentar velozmente el “codo a codo” o, mejor aún, ninguna forma de demostrar el afecto ya que eso pasó a ser algo peligroso y puede enfermar a nosotros y a nuestros seres queridos. No es nada fácil desandar lo aprendido, cambiar costumbres cuesta, mucho más, para personas con discapacidad produciéndose en ciertas oportunidades situaciones graciosas y otras peligrosas. 

Dentro de las múltiples tareas y desafíos que tenemos las familias y profesionales que estamos con niñas, niños, y jóvenes con discapacidad es que aprendan normas sociales, entre otras, saludar. Hay un enorme esfuerzo detrás de algo que para muchos parece “normal “, “natural” o “cuasi automático”.

En menos de una semana pasamos de estimular el beso, el “choque los cinco” o el dedo pulgar hacia arriba a intentar velozmente el “codo a codo” o, mejor aún, ninguna forma de demostrar el afecto ya que eso pasó a ser algo peligroso y puede enfermar a nosotros y a nuestros seres queridos. No es nada fácil desandar lo aprendido, cambiar costumbres cuesta, mucho más, para personas con discapacidad produciéndose en ciertas oportunidades situaciones graciosas y otras peligrosas. Quisiéramos compartir algunas de ellas como una forma de intentar estimular que AHORA es el momento de cumplir todas las normativas de aislamiento físico para que, lo antes posible, quienes hacen un enorme esfuerzo para integrarse y vivir en sociedad, puedan seguir creciendo con todos los apoyos que necesitan.

¡¡¡Van algunas anécdotas y estamos segura de que vendrán más!!! Facu, un joven de 21 años, le cuesta dar un beso al salir y al entrar a un lugar ya que es muy ansioso y, rápidamente, quiere hacer la próxima actividad pautada. Saludar es parte del esperar y registrar al otro. Hay un enorme trabajo, tiempo y dedicación para lograr que lo aprendiera. En el primer día de cuarentena oficial entró su Acompañante Terapéutico y rápidamente se paró y fue a darle un beso. No nos alcanzaban las manos, el cuerpo, ni las palabras para que al unísono familiar decirle “No Facu, no se saluda de beso”. Se paró y nos miró a todos. Tiene pocas palabras para comunicar sus ideas y sentimientos, pero en ese segundo de silencio y mirada nos dio un mensaje enorme a nosotros y a la humanidad.

Fede, un joven de 23 años, en el segundo día de cuarentena, salió a la puerta de su casa con su madre a recibir un pedido, vio a un vecino amigo pasar. Con alegría y, sin que pudiera intervenir su mamá a tiempo, lo abrazó. La indicación de “codo con codo” no llegó a tiempo. ¿Al entrar a su casa la madre le preguntó Fede ¿Por qué lo abrazaste, vos sabes que…? Le contestó “Porque es mi amigo”. La sinceridad y la ternura de Fede, lamentablemente, no sirve de vacuna contra el coronavirus.

La discapacidad está en constante diálogo con el aislamiento social. Muchas de las familias que tenemos una persona con discapacidad estamos bastantes acostumbradas a los consejos que hoy se difunden: necesidad de mantener rutinas, división de tareas, buscar distracciones para cuidar la salud mental de quienes cuidamos, entre otros consejos. El aislamiento social en discapacidad también es fruto de las dificultades para lograr los apoyos necesarios, las infinitas situaciones de discriminación, las barreras que impiden la movilidad en los espacios urbanos. Pero esta situación de pandemia tiene ribetes nunca vistos hasta el momento entre quienes estamos en el mundo de las discapacidades ya que a situaciones de habituales aislamientos se suman otros que dificultan, aún más, la condición de muchas personas. Tales como los efectos en la salud mental del encierro que potencia aún mas conductas asociadas a su condición.

Por favor, si querés que los “Facus” te vuelvan a dar besos, y los “Fedes” a dar abrazos amorosos de amistad lo antes posible respeta la normas emitida por las autoridades estatales. Cuidate y cuida. ¡¡¡¡¡¡Es AHORA, no se puede esperar más!!!!!!

Analía Martínez y Karina Ramacciotti