La Asociación Americana de Pediatría recomienda examinar a todos los niños en busca de síntomas de TEA a través de una combinación de vigilancia del desarrollo en todas las visitas y ademas realizar pruebas de detección estandarizadas específicas del autismo a los 18 y 24 meses de edad. Las siguientes secciones describen las herramientas comúnmente utilizadas para examinar y diagnosticar el TEA y enfatizan la importancia de la vigilancia continua, especialmente en los niños de alto riesgo. Además se hará referencia  a los métodos de diagnósticos, a los estudios complementarios sugeridos y a lo que se conoce sobre la neurobiología de los TEA.

El cribado específico para autismo complementa el examen general de desarrollo recomendado a los 9, 18 y 30 meses de edad. Las herramientas de cribado están diseñadas para ayudar a los cuidadores a identificar e informar síntomas observados en niños con alto riesgo de TEA. Estos síntomas tempranos que pueden alertar  sobre riesgo de TEA se han llamado “banderas rojas“.

La vigilancia del desarrollo por sí sola no es suficiente para identificar a los niños que necesitan una evaluación adicional porque los niños con TEA pueden no demostrar síntomas característicos en las breves visitas al consultorio y los cuidadores pueden no referir sus preocupaciones a menos que se les pregunte específicamente.

El uso de una herramienta de detección estandarizada para TEA puede ayudar  a identificar síntomas potenciales. En un gran estudio que evaluó el cribado universal con M-CHAT, la sensibilidad del M-CHAT cuando se utilizó como se indica en esta población de bajo riesgo fue de 0.91.

El objetivo del cribado universal, incluido el cribado para TEA, ha sido apoyado por las agencias de salud pública y las organizaciones de familias.

Los resultados de una prueba de cribado no son diagnósticos; ayudan al proveedor de atención primaria a identificar a los niños que están en riesgo de un diagnóstico de TEA y requieren una evaluación adicional.

Las herramientas de cribado del desarrollo global utilizadas a las edades de 9, 18 y 30 meses identifican retrasos en el lenguaje, cognitivos y motores, pero no son sensibles a las dificultades sociales. Esta limitación asociada con el cribado general del desarrollo es la razón por la que se necesitan herramientas específicas de TEA  capturar las diferencias en las interacción, el juego y los comportamientos repetitivos.

Los cuestionarios completados por los padres son las pruebas de detección más comunes utilizadas en la atención primaria. Las herramientas de cribado específicas del autismo de uso común se basan en cuestionarios y observaciones. Muchas pruebas de detección administradas por médicos requieren capacitación específica (por ejemplo, la herramienta de detección para el autismo en niños pequeños y niños pequeños [STAT]).

Cribado por edad

Menores de 18 meses

El diagnóstico temprano de TEA permite un tratamiento más temprano.
El M-CHAT es la herramienta más estudiada y utilizada para la detección de niños pequeños para TEA. Se están investigando herramientas adicionales. Por ejemplo el retraso del lenguaje se puede identificar mediante el uso de la Lista de verificación para bebés y niños pequeños (cuestionario para padres) entre los 12 y 18 meses de edad. Otras herramientas pueden permitir la detección de niños de tan solo 12 meses como el Perfil de Desarrollo de Escalas de Comportamiento Simbólico y comunicación y la Lista de verificación para bebés y niños pequeños. Es importante identificar todos los retrasos clínicamente significativos (no solo autismo) en niños y realizar una rápida derivación para una evaluación e intervención diagnóstica apropiada.
Los problemas de sueño, la alimentación, el estreñimiento y la regulación emocional son comunes en la población general, pero pueden ser particularmente desafiantes en niños pequeños con TEA. Los pediatras pueden ayudar a las familias con el manejo de estos síntomas.

Niños de 18 a 30 meses

El M-CHAT es la herramienta de cribado más utilizada y está mejor validada para esta edad, con una puntuación modificada para facilitar la administración a niños de 16 a 30 meses. La lista de verificación modificada para el autismo en los niños pequeños, revisada con seguimiento (preguntas) (M-CHAT-R/F) elimina 3 preguntas de la versión anterior. Los niños que puntúan > 8 tienen un alto riesgo de TEA u otro trastorno del desarrollo y deben ser referidos inmediatamente para la evaluación diagnóstica
Para los niños con puntuaciones de 3 a 7, se requieren preguntas adicionales. Los niños que siguen teniendo de 3 a 7 elementos positivos para el diagnóstico de TEA después de aclarar las preguntas de seguimiento tienen un 47% de riesgo de tener TEA diagnosticado y un 95% de probabilidades de ser identificados con algún otro retraso en el desarrollo que se beneficiaría de la intervención.
Los niños examinados con el M-CHAT-R/F se identifican con TEA a edades más tempranas de lo previsto en las estadísticas nacionales. Los niños que no pasan las pruebas de detección de TEA o que puntúan como en riesgo de un diagnóstico deben ser referidos para los servicios de evaluación diagnóstica e intervención. No es necesario un diagnóstico definitivo formal para iniciar servicios de intervención temprana o servicios escolares.
Aunque el M-CHAT-R/F parece ser útil para el cribado general de diversas poblaciones es importante trabajar para disminuir las disparidades culturales y lingüísticas que pueden interferir en el diagnóstico precoz en ciertas poblaciones.
El uso de esta u otras herramientas de detección puede combinarse con el apoyo de un glosario de video de síntomas de TEA, como el de Autism Navigator.
La AAP recomienda el cribado universal entre los 18 y 24 meses. La estabilidad diagnóstica es alta para los niños que son diagnosticados con TEA a los 18 a 36 meses de edad. Es importante aclarar que el cribado temprano no identifica a muchos niños con síntomas más leves; por lo tanto, sigue siendo necesaria una vigilancia continua del desarrollo.

Niños mayores de 30 meses

No hay herramientas de detección validadas disponibles para su uso en la práctica pediátrica, ni hay recomendaciones actuales de la AAP para la detección universal de TEA en este grupo de edad. El Cuestionario de Comunicación Social (SCQ) se ha estudiado en diferentes poblaciones, y parece tener propiedades psicométricas razonables. Sin embargo, pueden identificar síntomas que se superponen con otras condiciones, como el TDAH. Se recomienda la vigilancia continua en el contexto de la atención primaria. Algunos niños que luego son diagnosticados con TEA, suelen tener lenguaje precoz, lectura, o habilidades matemáticas, y los síntomas del lenguaje social se vuelven problemáticos ante las demandas sociales de la escuela. También se ha sugerido que las niñas pueden tener menor intensidad de síntomas y menos comportamientos de externalización. Estas diferencias pueden, en parte, resultar en un subdiagnóstico en las niñas.
Las comorbilidades pueden impedir que los médicos reconozcan los síntomas del TEA en la primera infancia. Por ejemplo, 1 estudio reveló que los niños que fueron identificados inicialmente con TDAH en la atención primaria fueron diagnosticados con TEA 3 años más tarde en comparación con niños que no tenían síntomas más tempranos de TDAH.
También existen barreras de lenguaje, como traducciones inexactas o una baja alfabetización parental que pueden comprometer el uso de cuestionarios completados por los padres. Por parte de los agentes salud la falta de comprensión de las diferencias culturales de diferentes familias y la falta de confianza en el proveedor de atención médica pueden limitar aún más la identificación y la notificación de los síntomas del autismo. Es necesario desarrollar herramientas de detección para poblaciones de personas cuyo idioma principal no es el inglés y que también son sensibles a las barreras culturales que pueden limitar la notificación de los síntomas de la TEA.

Evaluación Diagnóstica

Una vez que se determina que un niño está en riesgo de un diagnóstico de TEA, ya sea mediante cribado o vigilancia, esta indicada la derivación para la evaluación diagnóstica formal e iniciar intervención temprana o servicios escolares, dependiendo de la edad del niño. El inicio de las intervenciones no requiere el diagnostico formal de TEA 

Es función del pediatra acompañar a la familia en el proceso diagnostico y asesorarlos acerca de los diferentes servicios disponibles. Aunque para una evaluación diagnóstica, la mayoría de los niños necesitarán ver a un especialista, como un pediatra especializado en neuro-desarrollo, psicólogo, neurólogo o psiquiatra, los pediatras generales y psicólogos infantiles que estén familiarizados con la aplicación de los criterios DSM-5 pueden hacer un diagnóstico clínico inicial. Tener un diagnóstico clínico puede facilitar el inicio de los servicios.

En este momento, no hay pruebas de laboratorio que puedan ser utilizadas para hacer un diagnóstico de TEA, por lo que es necesario una revisión cuidadosa de la historia del comportamiento del niño y la observación directa de los síntomas. Para cumplir con los criterios de diagnóstico, los síntomas deben afectar la funcionalidad.

La evaluación formal de las capacidades del lenguaje, cognitivas y adaptativas y el estado sensorial es un componente importante del proceso de diagnóstico. La historia clínica debe reflejar los efectos de los síntomas en la capacidad del paciente para funcionar en entornos familiares, de pares y escolares. Esta historia se obtiene por entrevistas con el paciente y los cuidadores, informes de otros ambientes (como la escuela) y descripciones de comportamiento durante las pruebas formales. Los antecedentes de síntomas de TEA pueden ser apoyados por cuestionarios como el SCQ o la Escala de Responsabilidad Social (SRS). Ninguno de estos cuestionarios es suficiente por sí solo para hacer un diagnóstico de TEA, pero todos proporcionan un enfoque estructurado para obtener síntomas de TEA.

Escalas como el Sistema de Evaluación del Comportamiento para Niños, Entrevista Diagnóstica para Trastornos Sociales y de Comunicación (DISCO), y la Lista de Verificación de Comportamiento Infantil se utilizan para evaluar a los niños y jóvenes para otras condiciones de salud mental, pero pueden también identificar perfiles de comportamiento consistentes con TEA. En algunos entornos se utiliza el Inventario de Diagnóstico del Autismo Revisado (ADI-R), una larga entrevista semiestructurada para padres. EL SCQ es similar al ADI-R pero mas abreviado. El SRS es un cuestionario de 65 elementos que puede utilizarse para medir rasgos autistas.  Las puntuaciones elevadas pueden verse con mayor gravedad de los síntomas del TEA, así como con discapacidad intelectual, dificultades de comunicación y desafíos de comportamiento.

Observación estructurada de síntomas

Es útil para informar la aplicación diagnóstica de los criterios DSM-5. Las herramientas de validadas utilizadas para confirmar el diagnóstico incluyen el Programa de Observación de Diagnóstico del Autismo, Segunda Edición (ADOS-2) y la Escala de Calificación del Autismo Infantil, Segunda Edición (CARS-2). No hay una sola herramienta apropiada para todos los entornos clínicos. El ADOS-2 fue desarrollado para evaluar comunicación social y comportamientos atípicos. Tiene módulos específicos para su uso desde niños pequeños hasta adultos. El ADOS-2 requiere un entrenamiento especifico intensivo para administrar y puntuar con precisión y tarda de 30 a 45 minutos en administrarse. El CARS-2 es otro enfoque estructurado que un médico podría utilizar para apoyar un diagnóstico clínico de TEA. El médico completa una escala de 15 puntos que se basa en la historia y la observación.
El ADOS-2, CARS-2 y SRS (Padre y Maestro) califican a los niños de manera similar en aproximadamente la mitad de los casos identificados. La integración de la información histórica y la observación objetiva por parte de un médico capacitado para diagnosticar autismo es el elemento crítico para la evaluación diagnóstica de los TEA.

Evaluación de comorbilidades

Los pacientes con TEA pueden tener discapacidades intelectuales, trastornos de aprendizaje, TDAH, trastornos de ansiedad o trastornos del habla y del lenguaje, entre otros. Estas afecciones pueden influir en la presentación de los síntomas de TEA.
La evaluación de la capacidad cognitiva y del lenguaje es un componente importante de la evaluación diagnóstica. En los Estados Unidos, los servicios de intervención temprana y los sistemas escolares evaluarán a los niños en estos ámbitos para evaluar las necesidades educativas.

Pruebas cognitivas

Se utiliza una serie de medidas estandarizadas para determinar los niveles de desarrollo de los niños más pequeños y el coeficiente intelectual en niños mayores de 3 años. La prueba de inteligencia seleccionada por el psicólogo dependerá de la edad y el nivel de idioma del niño. Hay pruebas válidas que se pueden utilizar en niños que no son verbales. Aunque la prevalencia de un diagnóstico de TEA aumenta en niños con discapacidad intelectual, otros niños diagnosticados con discapacidad intelectual pueden tener algunos síntomas de TEA sin cumplir con los criterios de diagnóstico del trastorno. La evaluación formal de la comunicación por un terapista del lenguaje en el momento del diagnóstico debe incluir la documentación de las habilidades del lenguaje expresiva y receptiva, así como el uso pragmático o conversacional del lenguaje

Pruebas de función adaptativa

Un informe del cuidador y/o informe del profesor de funcionamiento adaptativo complementa las pruebas cognitivas objetivas. Determinar la medida en que el TEA afecta la función diaria es necesario para establecer la elegibilidad para algunos programas financiados con fondos públicos, así como para identificar y monitorear los objetivos de desarrollo para el tratamiento. Los comportamientos adaptativos suelen retrasarse en las personas que tienen discapacidad intelectual con TEA, pero pueden verse afectados en personas con TEA y un coeficiente intelectual de rango medio. Las medidas adaptativas de uso común incluyen las escalas de comportamiento adaptativo vineland y el sistema de evaluación del comportamiento adaptativo.
Los niños con TEA son más propensos a tener retrasos leves en las habilidades motoras gruesas y la coordinación en comparación con los niños en la población general. Las pruebas generales pueden sugerir retrasos motores que se beneficiarían de la evaluación formal por parte de un terapeuta ocupacional o físico. Se ha propuesto una relación entre los primeros retrasos motores y el posterior lenguaje y el desarrollo adaptativo en niños con TEA.

Evaluación sensorial

1) Evaluación auditiva: los niños con retraso del lenguaje deben tener una evaluación de su audición como parte de su evaluación inicial. La pérdida auditiva puede coexistir con el TEA y debe considerarse en niños con retrasos del lenguaje, problemas de comportamiento o falta de atención.
2) Función Visual : debe considerarse en los niños que están visualmente inatentos, tienen comportamientos estereotipados (como pinchar los ojos o un escrutinio visual cercano) o no hacen contacto visual. La disminución de la agudeza visual puede afectar la mirada interactiva y requerir adaptaciones en el entorno educativo. Los niños con discapacidad visual también pueden demostrar comportamientos motores estereotipados.
3) Procesamiento sensorial: el DSM-5 incluye síntomas sensoriales en los criterios de diagnóstico para el TEA. Las herramientas de evaluación de uso común cuantifican la percepción de los padres de las diferencias sensoriales en relación con el olfato, el gusto, la visión, la audición y el tacto. Los síntomas sensoriales pueden ser más evidentes a edades más tempranas y pueden definir subtipos del trastorno.

Evaluación etiológica

Genética: Los niños con diagnóstico de TEA deben ser evaluados para  tratar de detectar una posible etiología y condiciones médicas comunes coexistentes. En el  2007 se recomendaba solo cariotipo y pruebas de ADN para el síndrome X frágil. Poco después, el microarray cromosómico (CMA) fue recomendado como la prueba inicial más adecuada para la evaluación etiológica de niños con TEA. La identificación de una etiología genética proporciona a los médicos más información para dar a las familias sobre el pronóstico y el riesgo de recurrencia y puede ayudar a identificar y tratar o prevenir afecciones médicas co-ocurrentes, guiar a los pacientes y las familias a recursos y apoyos, y evitar ordenar pruebas innecesarias. La mayoría de los padres consideran que esta información es útil. Además, a medida que avanzan la investigación, las pruebas genéticas pueden contribuir a identificar intervenciones eficaces relacionadas con etiologías específicas.

La investigación etiológica comienza con una cuidadosa historia médica, del desarrollo y familiar y un examen físico y neurológico exhaustivo. La historia debe incluir una posible exposición prenatal a teratógenos (como medicamentos, alcohol, medicamentos) y otros factores que aumentan el riesgo de TEA. El examen físico debe incluir la evaluación del crecimiento en relación con las curvas típicas (incluida la circunferencia de la cabeza), las características dismórficas, la organomegalia, las manifestaciones cutáneas de (por ejemplo, esclerosis tuberosa y neurofibromatosis) y anomalías neurológicas.

Se debe recomendar y ofrecer una evaluación genética a todas las familias como parte del estudio etiológico. La presencia de características dismórficas o discapacidad intelectual se asocia generalmente con un aumento en la posibilidad de encontrar una anormalidad genetica. En algunos casos, las personas con síndromes genéticos clínicos, como el síndrome X frágil, el complejo de esclerosis tuberosa y otros también cumplen con los criterios para la TEA.  Cuando un síndrome específico o trastorno metabólico se sospecha, el médico debe proceder con las pruebas dirigidas apropiadas o la derivación a un genetista pediátrico o neurólogo. Por ejemplo, una niña con retrasos significativos en el desarrollo, desaceleración en la velocidad de crecimiento de la cabeza y movimientos característicos de la mano de línea media debe provocar pruebas genéticas para una mutación o eliminación o duplicación de MECP2, el gen implicado en el síndrome de Rett.  Otro ejemplo específico sería un niño con TEA con macrocefalia marcada y máculas pigmentadas en el pene, hallazgos que justificarían la secuenciación y la eliminación o el análisis de duplicación del gen PTEN.

Se recomienda la CMA si no se conoce la etiología para la discapacidad del desarrollo. CMA permite identificar variantes de número de copia (CNV) que son duplicaciones o eliminaciones de ADN que alteran la función de los genes. CMA revela un CNV en 5.4% a 14% (mediana 9%) de individuos con TEA. Cuando se incluyen CNVs de importancia incierta, aproximadamente del 17% al 42% de los pacientes con TEA tienen hallazgos en el CMA.

Debido a que el síndrome X frágil aumenta el riesgo de TEA, se deben recomendar pruebas de ADN para el síndrome X frágil para todos los niños con TEA, pero especialmente para niños y niñas con antecedentes familiares sugerentes de miembros masculinos con discapacidad intelectual. El examen físico en estos niños puede revelar un tamaño grande de la cabeza, mandíbula prominente, orejas grandes, laxitud ligamentosa y, en pacientes varones, testículos grandes después de la pubertad. La expansión de repetición de trinucleótido de citosina-guanina-guanina que es responsable del síndrome X frágil no se detecta en CMA y debe ordenarse como una prueba separada. La estimación actual es que aproximadamente el 0,45% de las personas con TEA tienen la mutación completa para el síndrome X frágil, y muchos de ellos son mujeres. Debido a que las pruebas del síndrome X frágil son relativamente baratas y la afección tiene importantes implicancias de asesoramiento genético, es razonable considerar la posibilidad de testear a todos los pacientes masculinos y femeninos con TEA.

Cuando la historia y el examen físico, la CMA y el análisis X frágil no identifican una etiología, el siguiente paso en este momento en la evaluación etiológica para el TEA es la secuenciación del exoma total (WES). La tecnología WES permite la identificación de variantes de un solo nucleótido, incluidas mutaciones de pérdida de función y mutaciones con sentido erróneo, que se han encontrado asociadas con TEA. Un asesor en genética es útil para explicar la razón de las pruebas, así como los resultados. Grandes estudios clínicos WES identificaron un diagnóstico molecular en 26% a 29% de las personas para quienes los trastornos del neurodesarrollo.

Es importante que las familias entiendan que las pruebas genéticas pueden explicar la causa del TEA de su hijo o proporcionar información sobre el riesgo estadístico de TEA, pero no son diagnósticos de TEA; el diagnóstico de TEA se realiza sobre la base de síntomas clínicos. La tecnología genómica está evolucionando rápidamente, al igual que nuestra comprensión de la arquitectura genética del TEA, y estas recomendaciones para las pruebas tendrán que actualizarse a medida que se publiquen nuevos estudios.

Sin embargo, cuando las pruebas genéticas no se han completado o no han revelado la etiología, el asesoramiento de riesgo de recurrencia se basa en promedios de grupo. Para una pareja con 1 hijo con TEA de causa desconocida, la mejor estimación actual de la recurrencia en un niño posterior es de aproximadamente 10% (rango 4%–14%151–153). Si una pareja ya tiene 2 hijos con TEA de etiología desconocida (idiopática), la probabilidad de que un niño posterior tenga TEA puede ser tan alta como 32% a 36%. Sin embargo, el riesgo no se limita a TEA. Los hermanos de niños con TEA que no tienen TEA ellos mismos pueden tener un riesgo de 20% a 25% de trastornos del lenguaje y otros trastornos del neurodesarrollo y psiquiátricos.

Neuroimagenes: los hallazgos específicos de neuroimagen clínica no son más frecuentes en los TEA en comparación con otros trastornos del neurodesarrollo, ni las anomalías específicas se correlacionan con aspectos clínicos, etiológicos o fisiopatológicos del TEA. La necesidad de una resonancia magnética clínica debe estar dirigida por un historial y un examen físico. La RMN puede indicarse en la evaluación de regresión atípica, microcefalia, macrocefalia, convulsiones, manifestaciones intracraneales de trastornos genéticos, examen neurológico anormal u otras indicaciones clínicas.

Pruebas metabólicas: El rendimiento de las pruebas metabólicas rutinarias para niños con TEA es bajo y no se recomienda para uso regular. Sin embargo, faltan grandes estudios basados en la población, por lo que no se dispone de estimaciones precisas de prevalencia y rendimiento diagnóstico. El estudio metabólico podría incluir la medición de los niveles de aminoácidos plasmáticos en ayunas, los niveles de ácido orgánico de la orina y los niveles de metabolito de acicarnitina y otras pruebas para trastornos metabólicos específicos. Los antecedentes de regresiones atípicas (más tarde de 2 años de edad, regresión motora o regresiones múltiples), antecedentes familiares de muerte en la primera infancia o trastornos metabólicos diagnosticados, y características físicas, como hipotonía o debilidad significativa, discapacidad visual y auditiva, y características dismórficas, sugerirían consulta con un especialista para guiar la evaluación de los trastornos metabólicos o mitocondriales.

Los niños que presenten retraso motor deben ser evaluados con pruebas de creatina quinasa y TSH. Aunque los trastornos metabólicos son causas poco frecuentes de TEA, el impacto potencial es alto porque el tratamiento puede estar disponible y el patrón de herencia puede ser conocido.

No hay evidencia en este momento para las pruebas rutinarias de cabello, sangre u orina para toxinas ambientales o metales pesados fuera de la detección de laboratorio para la exposición al plomo.

EEG: Los niños con TEA tienen un mayor riesgo de convulsiones, y las anomalías del EEG son comunes en ausencia de convulsiones clínicas. Sin embargo, no se recomienda EEG como una evaluación de referencia de rutina en ausencia de preocupación clínica sobre convulsiones, regresión atípica u otros síntomas neurológicos en antecedentes o exámenes que sugieran un EEG. En cambio, si existe pérdida tardía o atípica del lenguaje, como podría observarse en estado eléctrico epiléptico de sueño con pérdida de lenguaje, debe evaluarse con un EEG durante la noche. Los médicos de atención primaria deben discutir el aumento del riesgo y los signos y síntomas de las convulsiones con las familias de los niños diagnosticados con TEA, mantener un alto índice de sospecha clínica de convulsiones, y derivar con un neurólogo pediátrico ante regresión atípica o la posibilidad de convulsiones.

Neurobiología

Genética

La tasa de TEA en los hermanos es mucho mayor que la tasa en la población general, con una concordancia del 98% en gemelos monocigóticos, del 53% al 67% en gemelos dicigoticos, y estimaciones de heredabilidad de 64% a 91%. Los hermanos también pueden tener riesgo de síntomas relacionados con TEA que no cumplen con los criterios formales y han sido descritos como “fenotipo ampliado del autismo”
El riesgo de TEA también aumenta en los hijos de los padres de edad avanzada y de las madres mayores. El aumento de la edad materna y paterna se asocia independientemente con el riesgo de TEA, y también parece producirse un efecto conjunto.
Se han identificado variantes de gran efecto que parecen estar asociadas causalmente con los TEA, incluidos los CNV, que son eliminaciones o duplicaciones mayores a 1000 bp en tamaño. Estas variantes raras pueden surgir de novo o ser heredadas como mutaciones autosómicas dominantes, autosómicas recesivas o ligadas al X.
Los investigadores han establecido que, aunque las variantes raras son colectivamente comunes, ninguna variante individual representa más del 1% de los casos de TEA. Es importante tener en cuenta que no se ha identificado ninguna mutación específica que sea exclusiva de los TEA; existe una superposición genética sustancial entre el TEA y otros trastornos del neurodesarrollo, incluyendo discapacidad intelectual, epilepsia y esquizofrenia.

Genes, Exposiciones Ambientales y TEA

Los posibles factores ambientales que pueden estar relacionados con el aumento de la prevalencia no están claramente demostrados.
Influencias prenatales como exposición en el embarazo a valproato y la talidomida, intervalos cortos entre embarazos, la gestación múltiple, la obesidad materna, el sangrado gestacional, la diabetes gestacional, la edad parental avanzada y las infecciones (por ejemplo, rubéola y citomegalovirus), pueden estar asociadas con un mayor riesgo de TEA.
Los factores perinatales, como el nacimiento prematuro, el bajo peso al nacer, la restricción del crecimiento fetal (es decir, pequeño para la edad gestacional), la hipoxia intraparto y la encefalopatía neonatal, se asocian con un mayor riesgo de TEA.
La investigación sobre exposiciones ambientales puede ser de gran importancia. Es prudente limitar la exposición de niños y mujeres embarazadas a neurotoxicos conocidos.

Vacunas

La literatura científica no apoya una asociación de la vacunación como un factor ambiental que aumente el riesgo de TEA. Los niños con TEA deben vacunarse de acuerdo con el calendario recomendado. Los estudios epidemiológicos no demuestran ninguna asociación de la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola, la exposición al mercurio por vacunas que contienen timerosal, el aluminio en las vacunas o el aumento del nivel de exposición inmunológica atribuible a un mayor número de vacunas (ya sea dado en 1 momento o acumulativamente) con TEA.
Hay evidencia abrumadora acerca de la seguridad de las vacunas.
La comunicación de información sobre la seguridad de las vacunas es un componente crítico de la práctica pediátrica.

Estructura cerebral y TEA

Se reportan anomalías cerebrales del desarrollo en el neocórtex cerebral; estructuras del sistema límbico, incluyendo la formación del hipocampo y la amígdala; ganglios basales; tálamo; tronco encefálico; y cerebelo. Estas incluyen displasia, neurogénesis alterada y migración neuronal anormal. La gran mayoría de las anomalías descritas se originan durante el desarrollo cerebral prenatal. Una disminución del número de células de Purkinje en el cerebelo es 1 de los hallazgos neuropatológicos notificados más consistentemente asociados con TEA. Aunque inicialmente se pensó que era de inicio prenatal, la evidencia ahora indica que este fenómeno es más probable que sea un proceso adquirido que ocurre postnatalmente, potencialmente relacionado con convulsiones, medicamentos y/o isquemia cerca del momento de la muerte o factores distintos del TEA. No hay hallazgos uniforme en la neuropatologia de las personas con TEA.
Estudios sugieren que los niños diagnosticados más tarde con TEA pueden tener una circunferencia media o inferior a la media de la cabeza al nacer, con un aceleramiento en el crecimiento cefálico antes de los 2 años. Este rápido crecimiento cerebral conduce a circunferencias de la cabeza significativamente por encima de la media y volúmenes cerebrales de RMN en los niños pequeños, seguido de una meseta en el crecimiento cerebral, con volúmenes cerebrales en la adolescencia y la edad adulta similares a los de los controles. Casi el 16% de los niños pequeños con TEA tienen una circunferencia de la cabeza mayor que el percentil 97.

Patrones de neuroimagen asociados con TEA

Aunque hay hallazgos contradictorios, Estudios volumétricos de RMN estructurales sugieren que los niños pequeños con TEA difieren de los controles en el volumen total del cerebro, el volumen cortical de materia gris y blanca (particularmente frontal, temporal y corteza cingulado), el volumen de líquido cefalorraquídeo extraaxial y el volumen de amígdala. Estudios de tensor de difusión mostraron alteraciones en sustancia blanca a los 6 meses de edad en lactantes que luego fueron diagnosticados como TEA. Los estudios de RMN funcional han demostrado en áreas del procesamiento visual, función ejecutiva, lenguaje y habilidades básicas y complejas de procesamiento social.

Pruebas electrofisiológicas y medición de seguimiento ocular

Demuestran diferencias en el procesamiento auditivo (incluido el procesamiento del lenguaje), procesamiento visual (incluido el procesamiento facial), respuesta somatosensorial, integración multisensorial, atención selectiva, memoria de reconocimiento y conectividad neuronal en personas con TEA. Se ha utilizado test de seguimiento ocular para determinar si los bebés que son hermanos menores de niños con TEA y, por lo tanto, con un mayor riesgo de TEA muestran diferencias en la fijación en las caras. La evidencia preliminar sugiere que los bebés diagnosticados más tarde con TEA muestran una disminución en la fijación de la mirada desde los 2 hasta los 6 meses de edad.
Aunque algunos estudios han intentado diferenciar a las personas con y sin TEA sobre la base de diferencias en los perfiles de laboratorio de serotonina plaquetaria, melatonina plasmática, sulfato de melatonina en la orina, estado de redox, inclusiones de trofoblasto placentario, y la función inmune, actualmente no se han aprobado pruebas de laboratorio de diagnóstico para TEA. Hasta la fecha, ninguno de estos biomarcadores potenciales bajo estudio tiene suficiente evidencia para ser recomendado.
Modificado de: Hyman SL, Levy SE, Myers SM, AAP Council on Children with Disabilities, Section on Developmental and Behavioral Pediatrics. (2020) Identification, Evaluation, and Management of Children With Autism Spectrum Disorder. Pediatrics 145(1):e20193447

Foto: Background photo created by prostooleh – www.freepik.com