Cuando se habla de inclusión, es importante diferenciar entre la igualdad y la equidad y señalar que la inclusión y la equidad deben ir unidas, ya que no se trata de proporcionar lo mismo a todos por igual, sino de otorgar lo que las necesidades de cada uno demandan.

Se precisan un conjunto de estrategias para enseñarles a los alumnos con TEA habilidades que permitan una relación eficaz con sus compañeros. Algunas de las conductas que se establecen como condicionantes relevantes a la hora de emprender la inclusión son el nerviosismo y ansiedad como resultado de la incomprensión de las reglas sociales; la deficiencia en los procesos de regulación, la escasa flexibilidad y pensamiento rígido; los comportamientos repetitivos; los movimientos estereotipados y el desorden sensorial.

Primero, se debe tener en cuenta las dificultades en la comunicación y el lenguaje de los alumnos con TEA. Una adecuada estrategia de intervención constituyen los sistemas alternativos/aumentativos de comunicación (SAAC), sistemas no verbales que se emplean para fomentar, complementar o sustituir el lenguaje oral. Uno de los más empleados actualmente en los niños con TEA es el Sistema de Comunicación por Intercambio de Imágenes (PECS). Otros sistemas que se incluyen en este ámbito son sistemas de comunicación bimodal y el Sistema Pictográfico de Comunicación.

En cuanto a las limitaciones en habilidades sociales las estrategias de intervención perseguirán las siguientes finalidades: la capacidad de los alumnos de expresar y comprender expresiones como la alegría, la tristeza o el miedo; el uso de expresiones espontáneas relacionadas con estados internos como reír y llorar y la predicción de acciones en función de las emociones expresadas. Para poder alcanzarlas pueden trabajarse desde imágenes, juegos de rol y relación de pictogramas y aprovechar la presencia de los compañeros en el aula para poder desarrollar estas habilidades en contextos reales.

Las estrategias para intervenir en la conducta pueden ser: la modificación de la conducta; la estrategia basada en la dotación de apoyos que permitan a la persona la visión normalizada del ambiente; y, la que se refiere a la modificación de las condiciones del entorno del que forma parte la persona. Se considera relevante aplicar un programa de técnicas de modificación de conducta, en el cual se tenga en cuenta que los reforzadores deben desaparecer conforme la conducta alternativa se interiorice. Además, con el fin de poder desarrollar la planificación y organización pueden utilizarse como apoyos distintas claves visuales para realizar rutinas diarias, como es el caso de las agendas y horarios. En cuanto al entorno, el ambiente del aula debe estar estructurado y los cambios deben introducirse y anticiparse utilizando la metodología TEACCH.

Se sugiere no centrarse en las conductas inadecuadas, sino trabajar el desarrollo de habilidades que ayuden a los alumnos a actuar de la forma correcta en cualquier entorno.

El conjunto de estrategias de intervención descritas, sin la pretensión de ser exhaustivo, sólo buscan la compresión del alumnado y la adecuación de la actuación docente.

Modificado de: Peirats Chacón J,  Morote Blanco D (2016)  El aula de comunicación y lenguaje y la inclusión escolar. Dificultades y estrategias de intervención. Tendencias pedagógicas 27: 313-330. Doi: http://dx.doi.org/10.15366/tp2016.27.015

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