Recuerda empezar por las actividades que más le agradan a tu hijo hasta realizar aquellas en que le provocan una mayor dificultad.

Gracias a la integración sensorial, tu hijo puede sentir con su propio cuerpo y utilizarlo en forma adecuada dentro de su ambiente, lo que le ayudará a desenvolverse en todas las áreas de su crecimiento. Por eso es importante que observes las conductas que se detallan a continuación. Si alguna de ellas se presentara, debes estar alerta, ya que podría ser un signo que  indicara un déficit en la integración sensorial de tu hijo. Para esto también encontrarás una serie de actividades que te servirán para estimular esta integración.

Las actividades que se describen a continuación, es muy bueno que las realices independientemente de la conducta específica que hayas observado en tu hijo, ya que todas ellas sirven para estimular los distintos sentidos; tacto, gusto, audición, olfato, y visión.

Conductas que debes observar

  • Presenta irritabilidad o rechazo cuando se lo toca.

  • Evita determinadas texturas de ropa, como por ejemplo: áspera
  • Evita determinada comida.

  • Rechaza ciertos olores.

  • Rechaza temperaturas frías.

  • Rechaza la presión sobre su cuerpo.
  • Presenta una distracción o reacción temerosa frente a movimientos comunes.

  • Choca con su cuerpo contra objetos, de manera reiterativa.

  • Está en constante movimiento.

  • Permanece en una posición poco activa, cansándose rápidamente.

  • Pierde el equilibrio frecuentemente.

  • Le cuesta aprender nuevas actividades, en las cuales utiliza sus brazos y piernas.

  • Se distrae con facilidad.

  • Tiende a presentar un carácter impulsivo.

  • Le cuesta planificarse en sus tareas
  • Cuando algo no le sale bien, se frustra, se pone agresivo o se aisla.

  • Realiza movimientos extraños, no intencionales, con alguna parte de su cuerpo, mientras realiza una actividad.

  • No logra llevar su mano derecha hacia el lado izquierdo y viceversa

Actividades de estimulación sensorial

  • Rellenar un recipiente grande con diferentes elementos: Arroz, porotos, arena, etc y poner juguetes en el interior que sean del interés de la niña o niño: autos, muñequitos, etc. con el objetivo que el menor los busque a través del tacto.

  • Utilizar temperas de diferentes colores y poner papel en el suelo, para que el menor pinte con los dedos.

  • Rellenar una tina grande con diferentes elementos: Porotos, arvejas, arroz, pelotitas, etc. luego dar baños al niño con estos elementos.

  • Jugar al tren de sensaciones: se vendan los ojos del niño y se somete a un baño de sensaciones: olores, ruidos y sabores. El niño deberá ir identificando de qué se trata cada uno .y expresar que siente con cada estímulo.

  • Someter al niño a diferentes texturas en el suelo: arena, pasto, cemento, baldosa, alfombra, y hacer que camine a pie descalzo. Luego, que camine con sus cuatro extremidades (a cuatro patas)

  • Someter al niño a baños de tina con mucha espuma. La madre debe proporcionar masajes, sumergir la cabeza del menor. Hacer que el menor juegue en el baño y pierda temor

  • Someter al menor a baños de ducha los que deben ser progresivamente más masivo, en caso de que le molestara la presión del agua. Si su niño pareciera no sentir la presión del agua, la graduación deberá ser al revés.

  • Con plastilina esconder elementos pequeños como bolitas, lápices, etc. para que el menor los busque.

  • Refregar al menor con diferentes texturas: toalla, tela lisa, etc.

  • Pintar la cara del niño con forma de algún animal. Luego realizar la imitación del animal tanto en sonido, como en gestos.

  • Someter al menor a juegos mecánicos, como un columpio.

  • Trabajar con el menor en diferentes posiciones sobre una tabla de escúter; Empujar una pelota contra la pared e ir tomando la pelota.

  • Realizar túneles de diferentes tamaños para que el menor logre pasar por ellos.

  • Forrar al menor en una tira larga (puede utilizarse papel). Envolverlo completamente. Luego ir desenrollándolo progresivamente

Actividades específicas de Integración Sensorial

Si observaste en tu hijo, alguna conducta específica, aquí te presentamos actividades dirigidas de manera particular hacia aquello que él pueda rechazar.

Sistema táctil

Si el niño rechaza texturas ásperas

Tocar al niño con texturas suaves, por ejemplo con una brocha de maquillaje, toallitas de papel tissue, algodón y esponja, en piernas y brazos, que son partes de menor sensibilidad.

Posteriormente tocar con el mismo tipo de objetos en partes corporales más sensibles, como manos, pies, abdomen, cuello y, finalmente, cara (la que se tocará desde sus porciones más laterales (frente, mentón, mejillas) a las más mediales (nariz, labios).

Progresivamente cambiar las texturas a otras de mayor aspereza: cepillo de cerdas finas, de cerdas más gruesas, toalla, ropa de lana gruesa, guante de cáñamo, etc.

Se comenzarán por las zonas del cuerpo en que el niño muestre mejor tolerancia al estímulo, para incorporar paulatinamente las zonas en que manifiesta mayor rechazo.

Estas actividades se pueden realizar durante el baño, mojando al niño vertiéndole agua con una ducha tipo teléfono, con un jarro, con la mano del adulto, restregándolo con la mano, con una esponja, con una toalla suave y delgada, con una toalla más gruesa, etc.

Si el niño rechaza temperaturas frías

Mojar al niño con un algodón o una esponja empapada en agua temperada, tocando su cuerpo desde las zonas de menor sensibilidad a las más sensibles.

Disminuir progresivamente la temperatura del agua (dentro de límites razonables).

Lavar las manos del niño con agua temperada, disminuyendo progresivamente la temperatura.

Lavar otras zonas del cuerpo, que presente más sensibles a la temperatura.

Si el niño rechaza la presión

Tocar al niño con objetos de textura suave, como los mencionados anteriormente.

Acariciar al niño a través de caricias y besos suaves. Primero en las zonas en que tolere mejor y, una vez que logre una buena respuesta en éstas, integrar otras zonas.

Aumentar progresivamente la presión de las caricias.

Jugar con el niño a esconderse bajo sábanas y cortinas livianas.

Jugar con el niño a esconderse bajo géneros de mayor grosor, como cortinas gruesas, cubrecamas, frazadas.

Lanzar al niño cojines livianos, cuidando de no dirigirlos a las partes del cuerpo que tiene más sensible a la estimulación. Las que se incorporarán paulatinamente.

Hacer cosquillas al niño, primero muy suaves, posteriormente un poco mas intensas.

Jugar a “luchar” con el niño, primero sobre una superficie blanda y luego bajo cojines y colchonetas.

Realizar juegos que exijan contacto físico de cierta intensidad, como rondas que se estrechen cada vez más hasta terminar en un fuerte abrazo grupal.

Sistema Vestibular y Sistema Propioceptivo

Actividades de propioceptividad

Con una mano tomar al niño por la nuca y con la otra por los muslos, de modo que el niño se pliegue sobre sí mismo en posición fetal.

Colocar al niño acostado boca abajo, tomar sus piernas y estirarlas.

Jugar a que somos “chanchitos de tierra”, primero nos acurrucamos y luego nos estiramos.

En posición acostado, pedir al niño que de vueltas sobre sí mismo. Si no puede realizar la actividad se le ayuda mediante instigación física hasta que logre hacerlo solo.

Colocamos juguetes fuera del alcance del niño y le pedimos que los busque arrastrándose, primero boca abajo, luego boca arriba y finalmente apoyado sobre sus costados.

Si el niño rechaza movimientos giratorios o de balanceo

Tomar al niño en brazos y mecerlo suavemente. El niño está acostado mirando al adulto.

Realizar la actividad anterior, alejando paulatinamente al niño del cuerpo del adulto.

Realizar la actividad anterior, colocando al niño boca abajo.

Tomar al niño del tronco, a nivel de las axilas, y girar con él.

Sujetar una sábana entre dos adultos, a modo de hamaca, y mecer al niño en ella. Primero suavemente y luego un poco más fuerte.

Mecer al niño sobre un columpio, primero suavemente y luego con mayor energía.

En posición de pie, dar vueltas sobre sí mismo.

Actividades en altura

Subir al niño sobre una silla, por algunos instantes. Si el niño muestra temor acercarlo al cuerpo del adulto, del que se alejará paulatinamente.

Subir al niño sobre una mesa, considerando los mismos aspectos que en la actividad anterior.

Pedirle al niño que camine sobre la mesa, se agache, se pare en un pie, salte, lance y tome una pelota, etc. si es necesario, se le brinda apoyo físico, le que se irá quitando progresivamente.

Subir al niño sobre una viga de altura similar a la mesa (aprox. a un metro sobre el suelo), y pedirle que realice diversos movimientos y adquiera distintas posturas, tal como en la actividad anterior.

Sobre la mesa, desequilibrar al niño a través de movimientos corporales que irán de más suaves a más fuertes.

Sistema Auditivo

Si el niño rechaza estímulos de altas intensidades

Presentar estímulos auditivos a la intensidad que él tolera.

Aumentar gradualmente la intensidad del estímulo auditivo, lo que puede realizarse dentro de otra actividad, por ejemplo, jugando a la ronda a la par que se entonan o escuchan grabaciones de canciones infantiles.

Sistema Olfativo

Si el niño rechaza determinados olores (lo que se puede expresar en rechazo a determinados alimentos o personas)

Ofrecer aromas que el niño acepte sin dificultad. Ya sea untando algodón con determinadas esencias, ofreciéndole bolsas con alimentos, flores, esencias, etc., que tengan olor o bien presentándole el objeto con olor.

Presentar otros aromas que sean similares a los de su agrado (por ejemplo, que sean dulces, ácidos, suaves, fuertes, etc.). Presentarlos por un breve periodo de tiempo, acercándolos paulatinamente.

Darle a oler aromas con algunas características de los que le agradan y con otras de los que rechaza.

Presentar aromas que se asemejen más a los que rechaza (según las características mencionadas), presentándolos a la mayor distancia posible en que logre percibirlos hasta llegar a la distancia más próxima que sea posible, sin irritar su mucosa nasal.

Sistema Gustativo

Si el niño rechaza determinados alimentos

Ofrecer alimentos que el niño acepte sin dificultad.

Presentar otros alimentos que sean similares a los de su agrado (por ejemplo, que sean dulces, ácidos, salados, amargos, ásperos, suaves, etc.). Dárselos en pequeñas cantidades y por un corto periodo de presentación.

Darle a probar alimentos con algunas características de los que le agradan y con otras de los que rechaza.

Presentar alimentos que se asemejen más a los que rechaza (según las características mencionadas), presentándolos en pequeñas cantidades hasta lograr que acepte cantidades mayores.

Material proporcionado por la Lic. Mónica Pantotis