El aula puede representar un gran desafío para cualquier niño. Debemos tener en cuenta que estos desafíos incrementan en los niños con TEA, que suelen tener dificultades para relacionarse y comunicarse con el entorno, además de sentir una sobrecarga sensorial.

La disfunción en la integración de los sentidos, puede llevar, por ejemplo, a que un niño con autismo se sienta amenazado por la proximidad de otros estudiantes.

El trabajo en grupo puede causar ansiedad, o puede ser muy confuso, por lo que puede insistir en trabajar solo o en hacer las cosas a su manera. El niño puede tener dificultad con la toma de turnos y puede hacer muchas preguntas irrelevantes, constantemente interrumpir el profesor u otros estudiantes. A veces puede parecer que se desconecta y que no puede sintonizar con la actividad de la clase, sobre todo si hay muchos factores de distracción en el aula. Por lo que es importante que se les explique a qué prestar atención.

Debemos tener en cuenta que un niño con autismo que parece tranquilo y de buen comportamiento puede estar en mayor riesgo en el aula. Por ejemplo, otros niños pueden ser molestos e irritantes con él/ella cuando el maestro no está. Cuestiones problemáticas que no se ven bien, pueden ser pasadas por alto hasta que explota por una intensa frustración en arrebatos verbales y / o físicos.

En el aula, un niño con TEA puede tener dificultades para leer las intenciones del profesor y entender por qué las cosas suceden de la manera que lo hacen. Podría no entender que también se dirigen a él como parte del grupo y por lo tanto, no seguir las instrucciones dadas en conjunto a toda la clase.

¿Qué podemos hacer para ayudarlos?

  • Tengamos en cuenta que es más fácil responder en un ambiente de clase que está ordenada y tranquila con una atmósfera que es alentadora y no crítica.

  • Es importante que el maestro tenga un enfoque positivo y de apoyo hacia el niño con autismo, los otros niños se darán cuenta de esto y también podrán adoptar una actitud de bienvenida.

  • Podemos usar instrucciones escritas, o una combinación de texto e imágenes para apoyar a las instrucciones verbales.

  • Es importante ser explícito al dar instrucciones verbales – no asumamos que el contexto en el cual se da hará que el significado sea claro.

  • Podemos hacer un calendario escrito, reforzado con imágenes, para explicarle la rutina diaria.

  • Tengamos cuidado con los compañeros que pueden molestar al niño y tratemos de que se sienten lejos de ellos.

  • A veces ayuda llevar al niño fuera del aula a un área reservada por períodos cortos para enseñar nuevos conceptos en un ambiente libre de distracciones.

  • Evitemos hacer cosas por él/ella, que en realidad pueden hacer solos o pueden fácilmente aprender a hacer. Recordemos que un objetivo es desarrollar la independencia.

  • Aprovechemos el número y la calidad de los programas informáticos educativos disponibles. Los programas de computación presentan información en un formato previsible, lógico y secuencial, perfectamente adaptado al estilo de aprendizaje del niño con autismo. Por ejemplo, un niño con dificultad para escribir, puede usar un dispositivo para tomar apuntes y luego imprimirlos.

  • No asumamos automáticamente que el niño no está escuchando si no responde a una instrucción. Tiene que entender que es parte del grupo y para eso, tenemos que decir su nombre antes de darle instrucciones.

  • No asumamos que puede leer nuestras intenciones a partir de nuestro comportamiento o gesto.

  • No asumamos que puede comprender el significado de cualquier tarea o actividad a menos que las instrucciones hayan sido muy explícitas.

  • El niño no puede concentrarse en lo que consideran que es el foco obvio de atención. Una vez más, ser explícito. Puede que tengamos que decir: “Mira lo que estoy sosteniendo.” No simplemente, “Mira hacia aquí”.

  • Busquemos el lugar más adecuado en el aula para que se siente, donde haya menos probabilidades de que se distraiga por el movimiento y la proximidad de los demás.

  • Si el niño tiene dificultad para sentarse en el suelo en el momento del grupo, podemos marcar un punto especial.

  • Si el niño está teniendo dificultades de procesamiento sensorial, puede ser necesario hacer alguna adaptación para que siga concentrado en la actividad sin las molestias sensoriales.

  • Si el niño se resiste a trabajar en pequeños grupos, podemos dejar que el niño esté con su maestra integradora y empiece a trabajar de a pares antes de pasar a un grupo mayor.

  • Permitamos que tenga periodos de soledad. Las demandas sociales de la clase pueden ser exigentes y frustrantes para un niño con autismo.

Fuente: Autism Help

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