Autor: Lic. Mauro H. Dangelo Martinez

En diversas oportunidades escuchamos hablar sobre la importancia del cuerpo en las personas con condición del espectro autista, pensar en esto no es solamente estructurar la acción física de moverse o estar en movimiento, sino saber cual es el registro que tiene esa persona de su cuerpo y como lo utiliza en el espacio.

Cuando hablamos de psicomotricidad, no solo lo hacemos en relación los aspectos cognitivos y motrices, también incorporamos nociones como la emocionalidad, corporeidad y aprendizaje, entre otros.

La psicomotricidad tiene su objeto de estudio en el cuerpo y sus manifestaciones, y se presenta en tres campos de intervención: terapéutico, reeducativo, socio-comunitario y educativo, esta sujeto a la rigurosidad científica, y da una vital importancia a la prevención de lo que se conocen como trastornos psicomotrices (torpeza motora, dispraxia, inhibición psicomotriz, etc.).

El psicomotricista es un profesional de la salud que busca mediante diversas técnicas propiciar distintas experiencias psicomotoras, para mejorar la calidad de vida de la persona, utilizando estrategias de intervención que incorporen aspectos vivenciales, motrices, corporales y de relajación, entre otros. Comprendiendo que es por medio de actos re-creados donde se logra incorporar el verdadero aprendizaje.

La motricidad es la capacidad del ser humano de ejercer movilidad en su cuerpo. La ciencia define a la motricidad como la capacidad del cuerpo de generar contracciones musculares de forma voluntaria, entendiendo que son respuesta a determinadas acciones, y que las mismas son dadas gracias a que nuestro sistema nervioso central impulsa una señal.

Por otro lado en Psicomotricidad hacemos mención a la intervención en las praxias motoras, las cuales el Dr. Osvaldo Fustinoni define como la facultad de cumplir, más o menos automáticamente, ciertos movimientos aprendidos habituales y adaptados a un fin determinado tales como; peinarse, usar los cubiertos, prender un botón, cepillarse los dientes, saludar, sacar una moneda del bolsillo o utilizar una llave que se conocen con el nombre de actos psicomotores intencionales o gestos proposicionales. La noción del gesto se sitúa entre la contracción muscular y el comportamiento. Estos son aspectos que desde la psicomotricidad cobran gran relevancia al ponerlos en práctica en la intervención psicomotriz en niños con diagnóstico de autismo y que complementan al aprendizaje psicomotor.

Las emociones están íntegramente relacionadas a nuestros actos, concepto que desde la psicomotricidad se articula a las nociones de cuerpo, de  acto y de pensamiento. El psicólogo estadounidense Daniel Goleman en su libro sobre la Inteligencia Emocional redacta que en esencia todos las emociones son impulsos para actuar, planes instantáneos para enfrentarnos a la vida que la evolución nos ha inculcado. La raíz de la palabra emoción es motere, del verbo latino “mover”, además del prefijo “e”, que implica alejarse, lo que sugiere que en toda emoción hay una implícita noción a actuar. Dando un sentido primario al accionar de cada persona, mostrando también que la motivación y comprensión de las fortalezas de la persona, impactan necesariamente en factores positivos desde la intervención del psicomotricista dentro de la terapia.

MOTIVACIÓN + FORTALEZAS = INTERVENCIÓN POSITIVA

¿Qué hace que esa respuesta emitida sea específica?

El cerebro como bien ya sabemos utiliza los sentidos para nutrirse de información y así puede ir dándonos un mapeo constante de nuestro cuerpo con el medio, emitiendo respuestas a las demandas que éste nos solicita por ejemplo, si tengo frío, me pongo un buzo, de esta manera comprendemos como actúa ese intercambio de información del Sistema Nervioso Central (SNC) con el  medio que percibimos.

Así como el abordaje del sistema sensorial es vital para mejorar la calidad de vida de las personas con autismo, también es importante generar experiencias que nutran a nuestro repertorio psicomotor, cooperando en la emisión de respuestas en el armado del proyecto motor, funciones ejecutivas, freno inhibitorio y de conciencia psicomotora habilitando la regulación del cuerpo en el espacio, mejorando su esquema corporal y brindando una consciencia que promueve la independencia motriz.

La psicomotricidad pone su énfasis en el tratamiento de las personas con espectro autista en poder aumentar las experiencias motoras, que luego una vez aprendidas serán parte del repertorio psicomotor, lo que aumenta las posibilidades de emitir una respuesta adecuada ante una demanda especifica.

Podemos resumir que la intervención del psicomotricista aparece para dar respuesta a ese aprendizaje que necesita ser representado y corporeizado para instalarse. Como ya he mencionado, todo aquello que es vivenciado se instala de forma rápida y sencilla en nuestro cerebro, al revés de las demandas cognitivas y emocionales que requieren de una atención específica y una progresión determinada.

La psicomotricidad entendida desde la ciencia, encuentra un campo de acción que esta sujeto a la interdisciplina, y es por medio del abordaje en conjunto donde se planifican las intervenciones que favorecerán en la evolución del paciente. Es decir, no podemos pensar a la psicomotricidad como una intervención aislada, es necesario que tanto la familia como las terapias complementarias al contexto del niño con CEA, estén interconectadas de forma constante.

Bibliografia:

  • Calmels, D. (2003), ¿Qué es la Psicomotricidad?, Buenos Aires, Argentina, Ed. Lumen.
  • Fustinoni, O. (2014), Semiología del Sistema Nervioso, Buenos Aires, Argentina, Ed. El Ateneo.
  • Goleman, D. (1996), Inteligencia Emocional, Barcelona, España, Ed. Kairos.
  • Loveday, C. (2017), El Mundo Secreto del Cerebro, Madrid, España, Ed. Libsa.