(Menuda hoja de ruta)

¿Qué es la vida de una mujer como madre sino una la creación PERSONAL de una original y autentica hoja de ruta?
Una hoja de ruta a veces un tanto borrosa y por momentos casi invisible salvo por sus cuatro puntos cardinales.

Al norte un corazón enorme y ancho, tan grande y frondoso como para que entre todo el amor posible y un poquito más, al este un cerebro atento y dinámico, flexible para cambiar de rumbo de un instante a otro, al sur, la intuición, el olfato o ese sexto sentido que siempre nos habla aunque a veces muy bajito y al oeste las manos, el cuerpo y la fuerza para hacer las piruetas, malabares y contorsiones necesarias según la ocasión.

Seguramente como yo, tantas otras mujeres emprendieron su viaje de esta manera, nunca suficientemente bien preparadas, a veces, perdidas y hasta sin rumbo preciso pero siempre con la intención de llegar a destino.

Nuestro hermoso Ramiro nació tres meses antes de lo previsto, frágil y chiquito pero sin manual de instrucciones y sin mapa, ni hablar de brújula… listos, preparados y a zarpar con viento de frente!! Tormentas, inestabilidad y verdaderamente poca visibilidad… hasta algunos años después.

Un día recibimos el diagnostico de Rami, tenia autismo. Según los médicos y la larga lista de especialistas, por fin el panorama estaba claro.
“Claro” es una manera de decir,… ahora podíamos “ver” lo que le pasaba y el “ver” trae “saber” y eso trajo la luz… aunque confieso que para mí, el firmamento estaba más oscuro y profundo que nunca y mi pronóstico decía “se avecina un tsunami”.
Efectivamente el tsunami comenzó y con él, un océano enorme de dudas, incertidumbres y profundas olas de dolor acompañadas por una extraña sensación no de humedad, sino de soledad.
En nuestro mapa solo aparecían carteles indicadores que decían: “CAMINO SIN SALIDA”. “CONTRAMANO”, “HOMBRES TRABAJANDO”, “PROHIBIDO ESTACIONAR Y/O DETENERSE “ ..y así sin detenernos, seguimos adelante.

Algunas veces el servicio meteorológico anunciaba notables mejoras, para nosotros a veces eran “mejoras” y otras veces “peoras”. Fue así como entendimos que los pronósticos podían no cumplirse y que generalmente se equivocaban entonces los guardábamos en un rincón despacito y con cuidado, y seguíamos viaje…

Aunque a veces más cansados, nos anclábamos un ratito para luego seguir remando hacia las señales que nos llevaría a buen puerto.

Con la mirada siempre apuntando al norte, el paisaje fue cambiando y de repente… “GIRO A LA IZQUIERDA”, (que suerte!) “CARRIL DOBLE MANO”, “ESTACIONAMIENTO PERMITIDO”, “MAS ADELANTE AREA DE DESCANSO” … Luego de navegar casi 10 años, por fin carteles más alentadores “USTED ESTA AQUÍ”, “BIENVENIDO”, “BUEN VIAJE CONDUZCA CON CUIDADO”, “SALIDA”…

Hoy nuestro barco está seguro y en él, nosotros embarcados. Algunos perdimos cosas en el camino pero todos ganamos muchas más. Decidimos llevar siempre en la maleta, una brújula para no perder el rumbo, unos besos para endulzar los malos tragos y la sonrisa de Rami que nos permite creer que todo es posible.

Cuando releemos nuestras viejas crónicas de viaje, encontramos notas escritas en tinta al margen: “viaje turbulento”, “giro inesperado” y “maremoto” pero también algunas como “maravilloso día de sol”, “despejado y mejorando” y “baja probabilidad de chaparrones”.

Pareciera que de tanto buscar el paraíso nos olvidamos que es aquí mismo, viajando en nuestro barco, donde somos más felices que nunca, navegando con o sin viento a favor.

 

Soledad Zangroniz y Gastón Fornasier, papás de Cloé y de Ramiro

(2013)